Posteado el Abril 25, 2008 - Categorizado en Mitos y Leyendas de Argentina
Hubo una vez, entre los mapuches (comunidad indigena de la Patagonia), un cacique llamado Copahue. Se cuenta que combatió en muchas guerras, pero que su mayor y más terrible batalla la libró sólo y por amor.
Un día oyó contar que Pirepillán, el hada de la nieve, estaba presa en la cumbre del
volcán Damuyo, que un tigre feroz y un monstruoso cóndor de dos cabezas no dejaban que nadie se le acercara. Con todo el entusiasmo Copahue se despidió de sus hombres al pie del Domuyo y comenzó a subir solo. Ya cerca de la cumbre vió el soñado resplandor de Pirepillán brotando de una grieta, pero un puma colorado, enorme y furioso, se le abalanzó. Copahue de un golpe tremendo de su lanza mandó al animal montaña abajo.
-Por fin llegaste, Copahue- dijo Pirepillán tendiéndole la mano. Copahue le retuvo y se agachó para abrazarla, pero un cóndor arremetió contra ellos. Copahue levantó su cuchillo y cercenó las cabezas del pájaro, que cayó muerto a sus pies.
Copahue condujo a Pirepillán con su gente y vivieron muchos años juntos. Pero su pueblo nunca aceptó a la extranjera, la hija de la montaña, la que había alejado al cacique de los suyos, la que lo había devuelto sin deseos de gloria, sin ánimos de guerra. Cuando los de Chillimapu los derrotaron y mataron a Copahue en una batalla, el odio contra Pirepillán se desató. Una noche la fueron a buscar hasta su toldo y se la llevaron a los empujones hasta el extremo del valle. Condenada a morir, Pirepillán llamó con todas sus fuerzas al que una vez la había salvado:
- ¡Copaaaahueeeeee!
El grito enfureció todavía más a los mapuches, que se apuraron a derribarla e hicieron brotar la sangre transparente del hada de la nieve. Y en el lugar de su muerte, al pie de la montaña, siguió corriendo para siempre su cuerpo deshecho convertido en agua sanadora. Leer Mas
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Posteado el Abril 24, 2008 - Categorizado en Mitos y Leyendas de Argentina
Deolinda Correa, mayormente conocida como Difunta Correa, alguna vez habitó tierras de la provincia de San Juan, la leyenda se remonta al siglo XIX, entre las decadas del 40 y 50. Deolinda Correa, mujer, madre novel y esposa, fue tras los pasos de su marido, quien había sido reclutado por las fuerzas del caudillo riojano Facundo Quiroga. Con su bebé en brazos atravesó los áridos cerros y desiertos cuyanos, y allí murió de sed. Sin embargo, su pequeño hijo sobrevivió amamantándose de sus pechos, y ambos fueron hallados por unos arrieros que andaban de paso por allí, quienes enterraron a la mujer en las cercanías del cementerio de Vallecito.

La historia se fue propagando, y los lugareños comenzaron a peregrinar hacia el lugar, donde tiempo después se levantó un oratorio en el que la gente depositaba sus ofrendas, en retribución a los favores recibidos.
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