Antes de la llegada de los españoles, los omaguacas habitaban la región del norte de Jujuy, la puna, las gargantas estrechas que llegan a la gran quebrada humahuaqueña, los pequeños valles y las laderas de las sierras.

A la llegada de los españoles, la posición geográfica del que es hoy el pueblo de La Quiaca le adjudicó un punto importante como posta en el camino al Alto Perú. Fue denominado en aquel entonces La Florida.
El primer antecedente del pueblo lo encontramos por 1772, cuando el comisionado Alonso Carrió de la Vandera creó una posta a 19 leguas de la de Los Colorados.
Con fecha 12 de mayo de 1886, se dio nacimiento a la primera escuela, aun cuando la ciudad no tenía oficialmente fecha de fundación efectiva.
Por el año 1900, La Quiaca comenzó a constituirse definitivamente como población.
Influencia decisiva en ello tuvo el pronunciamiento de la Comisión Mixta Internacional Argentina-Boliviana, que en el año 1900 y bajo la presidencia del ingeniero Miguel Iturbe se decidió por la construcción de la línea ferroviaria internacional, por el que se disponía la prolongación de la línea férrea de Jujuy hasta La Quiaca. Este anhelo se concretó el 30 de diciembre de 1907, oportunidad en que arribaba a La Quiaca el primer tren a la frontera.
El 1 de junio de 1917, bajo la presidencia de Ernesto Claros, la Legislatura de la Provincia de Jujuy declaraba a La Quiaca capital del departamento de Yavi, mediante la sanción de la ley Nº 325.
Ciudad fronteriza rodeada por dos ríos, uno de los cuales es límite con Bolivia, la pequeña población fue creciendo hasta la actualidad con sus características propias. Las construcciones se alzan en un valle rodeado de cerros y son, en su mayoría, de adobe revocado o de ladrillos muy comunes en la zona norteña.
La Quiaca es hoy una febril ciudad, hermanada con la localidad fronteriza de Villazón en Bolivia a través de un puente que es atravesado incansablemente por trabajadores y turistas de uno y otro país.
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