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Che boludo! Saludo argentino por excelencia. ¿Qué queremos decir?

Lo decimos todos los días, varias veces al día, nos autoproclamamos así cuando nos equivocamos, adjetivamos a los demás cuando cometen errores o no nos gusta su accionar, pero, ¿sabemos qué decimos en realidad?

Lo decimos todos los días, varias veces al día, nos autoproclamamos así cuando nos equivocamos, adjetivamos a los demás cuando cometen errores o no nos gusta su accionar, pero, ¿sabemos qué decimos en realidad?

El uso de estas palabras se remonta a la época de la independencia, cuando en plena guerra con España los gauchos locales no contaban con muchas armas a su disposición en semejantes enfrentamientos, por lo que recurrían a las armas de las que disponían y que sabían utilizar con maestría.

Así, facones, cuchillos y tacuaras (lanzas hechas de cañas), conformaban el pobre arsenal de los paisanos. A eso se sumaban las boleadoras y las pelotas, que eran piedras, de mayor o menor tamaño, atadas con un tiento.

El orden en el que atacaban y formaban fila era el siguiente: Primero, y haciendo gala de una valentía admirable, pero expuestos a una muerte casi segura, iban los pelotudos, que con sus grandes piedras golpeaban a los caballos de los españoles con el fin de que cayera el jinete.

Luego, los lanceros, que con sus lanzas, facones y cuchillos herían o mataban al enemigo, y por último los boludos, que con sus boleadoras remataban a los que habían quedado heridos.

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