La Cumbrecita - Provincia de Córdoba
Su fundación se remonta a 1934 cuando
un doctor contratado por la empresa Siemens, viaja hasta el lugar
a lomo de mula, se enamora del paisaje agreste y sin más,
compra 500 hectáreas de terreno, en medio de la nada, y
con innumerables obstáculos para transportar cualquier
material necesario para construir.
La historia sigue en que aquel visionario doctor
de impronunciable apellido centroeuropeo (Helmut Cabjolsky), redobla
la apuesta y no sólo se limita a comprar la tierra, sino
que decide levantar allí un edificio realizado en adobes
de barro, que es hoy la construcción más antigua
del pueblo y alberga al prestigioso Hotel La Cumbrecita. Así
comienza todo, a 1450 metros sobre el nivel del mar, en un paisaje
de monte y paja brava. Con el tiempo, las laderas de las montañas
fueron cambiando su paisaje agreste por la frescura de los incipientes
pinos, que formaron los bosques que alojan este hermoso pueblo.
En él se combina el confort de la buena hotelería,
que respeta el estilo alpino de las construcciones, con la belleza
de sus arroyos y cascadas. Como salida de un cuento de hadas,
sus dominios guardan lugares llenos de magia.
Saltos de agua, fuentes naturales en donde arrojar monedas y pronunciar
deseos, rincones de un fantástico claroscuro que se genera
cuando el sol busca abrirse paso entre la frondosa copa de los
árboles. Característica esencial; La Cumbrecita
es el único pueblo peatonal del país. Los vehículos
esperan afuera, en una amplia y segura playa. Un pequeño
puente marca el acceso a las calles empedradas y de tierra. Gracias
a la llegada de inmigrantes de diferentes colonias centroeuropeas,
la gastronomía que se puede disfrutar en el lugar, es una
de las más exquisitas de la provincia.
Sabrosos y refinados platos alemanes, manjares de reminiscencias
austriacas, truchas obtenidas en sus propios ríos, repostería
Suiza, tartas de zarzamora, exquisitas artesanías en chocolate
y el sabor que toman los platos cuando se los elaboran con el
conocimiento de una receta que nace en la tradición familiar.
Guardaencanto hasta en sus partes más ínfimas. Senderos
en el bosque nos llevan hasta su pequeña capilla, el agua
de su río nos invita a descansar en sus playas. Conjuga
su ambiente natural de excepcional hermosura, con la calidad y
la calidez de una oferta hotelera y gastronómica de primer
nivel.