
Desde principios de siglo y sorteando los obstáculos que suponía la distancia con las ciudades, sus pobladores fueron construyendo las primeras casas y alojamientos que dieron impulso a Miramar. Los avances fueron dificultosos por aquel tiempo, pero el deseo de hacer conocido el paraíso en el que vivían, fue generando un arduo crecimiento. Decenas de calles, hoteles, comercios, iglesias e instituciones públicas se abrieron en aras del progreso.
Miramar brillaba en las costas de una laguna única en el mundo que ya comenzaba a recibir renombre internacional. Pero la naturaleza y el destino impusieron otro obstáculo. Las aguas del descomunal espejo, comenzaron a avanzar lentamente sobre el trazado de las calles y no hubo nada que hacer. 120.000 m2 de pueblo quedaron bajo un mar de agua y fango. Gracias a la perseverancia de su gente, todo fue construido nuevamente.
Hoy, desde cómodas instalaciones, podemos admirar la vegetación que nace en las costas de la laguna y apreciar la increíble variedad de aves que durante cada temporada ocupan diferentes ambientes. Un lugar inigualable para la práctica del ecoturismo, con mas de trescientas especies de aves que se zambullen en las saladas aguas de la laguna en busca de su alimento, presentando un espectáculo digno de ser vivido.
Pero no solo el paisaje y la comodidad son los protagonistas de este paraíso cordobés. Las propiedades de sus aguas son conocidas desde el siglo pasado y actualmente existen una multiplicidad de baños termales con su asistencia médica correspondiente. La consigna es relajarnos en el cálido abrazo de sus termas, asistir a la magia de la naturaleza plasmada en sus aves y paisajes, disfrutar de las cómodas instalaciones de su camping, sus hoteles y casino. Así, de a poco nos iremos adentrando en la magia de su clima, en el saludable ambiente que dio la fuerza a sus pobladores, para que a pesar de todos los obstáculos, sigan de pie, luchando para que el paraíso que los rodea sea disfrutado por todos.