Unquillo - Provincia de Córdoba
Al pie de las sierras chicas, a 27 kilómetros
de Córdoba por la ruta E53 que nace en el aeropuerto capitalino
de ´Pajas Blancas´ se encuentra la localidad de Unquillo.
Su particular hermosura ha sido el motivo por el cual diferentes artistas plásticos
decidieron residir entre el verde de su paisaje y el típico
ritmo carnavalesco de sus corsos. Atraídos por las bondades
del clima y la belleza del paisaje, diversas personalidades del
arte llegaron a esta villa. Lino E. Spilimbergo fue uno de ellos
y se conserva aún en Unquillo la casa en donde habitó
desde 1952 hasta su muerte en 1964.
Convertida en museo, la hermosa construcción presenta
la magia y el misterio del arte del pintor, reflejada en sus objetos,
algunas de sus pinturas más conocidas y una colección
estable de lienzos de Quinquela Martín, Francisco Vidal,
Cerrito y José A. Malanca, entre otros. Esta pequeña
ciudad serrana fue también el hogar de el maestro Carlos
Alonso y el cordobés Álvaro Izurieta, artistas de
reconocida trayectoria internacional. En las primeras décadas
del 1900, la aristocracia rosarina pasaba aquí sus vacaciones,
y entre sus arboladas calles que cruzan la Av. San Martín,
arteria principal de Unquillo, pueden verse todavía algunos
caserones de estilo ingles, palacetes de estéticas italiana
y líneas moriscas.
Cuenta además con diversos balnearios, una rica vegetación
y un paisaje cautivante. Alejándonos de la ciudad, entre
el encanto de sus valles, se encuentran pintorescos pueblos surcados
por arroyos que constituyen el marco ideal para disfrutar de la
tarde.
Para conocer la región, debemos caminar a la vera de los
cauces serranos, entre las piedras de un pasado rico y misterioso.
El camino nos ira llevando, Cabana, el particular encanto de Los
Quebrachitos. Un paraje de excepcional belleza en donde se alza
la Capilla Villa Leonor. Construida por el artista plástico
y astrónomo Buffo, la pequeña construcción
es un esotérico panteón familiar que posee la forma
de caracol y en su interior guarda exquisitos frescos que representan
el cosmos, la fragilidad de la vida y la inminencia de la muerte.
Unquillo nos brinda sus valles de hermosura y tranquilidad, historias
de arte y misterio, atardeceres mágicos y arroyos de agua
templada y cristalina, al son carnavalesco de las máscaras
del corso.