Ruinas ex – Ingenio San Lorenzo
En el año 1929, se inauguró un ingenio azucarero
a 15 kilómetros de la localidad de General Conesa, en la
colonia San Lorenzo. Juan Pegassano y Benito Lorenzo Raggio fueron
los grandes inversores, quienes implantaron en tierras de su propiedad
las instalaciones de la fábrica. Además de la fabricación
de imponentes edificios para la elaboración del producto,
se trajo maquinaria de Checoslovaquia y se construyeron canales
y obras secundarias para regar 4.000 hectáreas y radicar
y dar empleo a más de 350 familias. Verdaderos complejos
se construyeron en las colonias San Lorenzo, La Luisa y San Juan
donde entre otras construcciones poseían: viviendas (para
obreros, empleados, chacareros y administradores), usinas, depósitos
y galpones, hotel, talleres mecánicos, estación
de policía, granjas, panaderías y proveedurías.
Las primeras zafras iban en aumento y la compañía
instaló un ramal de ferrocarril económico con una
extensión de 107 kilómetros para favorecer el traslado
del azúcar. El rendimiento obtenido alcanzó casi
el 15% en el año 1935, comparado con los de caña
azucarera en las provincias del norte (Tucumán, Jujuy y
Salta entre otras) era superado ampliamente.
El clima templado del sur argentino, podía permitir la
creación, de una nueva región azucarera, y con un
centro portuario en Bahía Blanca. Frente a esto, es fácil
deducir la molestia ocasionada en los poderosos intereses del
empresariado azucarero del Norte. La presión era tal que
lograron la implementación, por parte del gobierno, de
una ley azucarera que fijó una mezquina cuota de 2000 toneladas
anuales para Río Negro, contra unas 5000 que producía.
Junto a este gran impedimento del crecimiento de la producción
de azúcar de remolacha, se sumaron otros factores, como
la aparición de un virus que afectaba las plantaciones,
la inconclusión de la infraestructura de riego, que estaba
proyectada para la zona por el gobierno nacional, y la falta de
apoyo por parte del mismo, ya que Río Negro no era aún
provincia. Dichas presiones y factores provocaron la decisión
de sus dueños de dejar el negocio en el año 1941,
vendiendo todas sus instalaciones. Una empresa del norte demolió
las instalaciones del ingenio, también se levantó
el ramal ferroviario construido, logrando al final con todo esto
la postergación de toda la región y de una industria
que sin dudas era prospera para el país.
Hoy en día solo quedan ruinas de lo que fue la empresa
y construcciones aledañas. Quedando en pie solo un par
de viviendas y un puente de ferrocarril.