Turismo Religioso en la Provincia de San Juan - República Argentina
En este aspecto, San Juan posee destinos importantes no sólo a nivel provincial, sino nacional, como la Difunta Correa, San Expedito y el templo de San Antonio de Padua ubicado en el departamento de Sarmiento.
Deolinda Correa, la "Difunta Correa"
Ubicación: A 1160 km de Buenos Aires y a 64 km al este de la ciudad de San Juan, sobre ruta nacional N° 141, en plena región semidesértica de la provincia, con el marco de la sierra de Pie de Palo y el trasfondo de la Precordillera, se extiende la semiplanicie de Vallecito.
Es toda ella desolada; la cinta reluciente del camino que lleva a La Rioja permite a muchos viajeros conocerla aunque sea rápidamente.
¿Quién fue Difunta Correa ?
¿ Cuál es el origen de este poderoso movimiento espiritual, tan grande por el potencial humano que mueve, semejante al que participaba en las celebraciones de la Virgen del Valle, la Virgen de Itatí o el Señor de los milagros ? ¿ Por qué razón cada domingo, o los lunes - día de Ánimas -; el 1 y 2 de noviembre, pero especialmente el Viernes Santo, acude tanta gente de las más variadas posibilidades económicas y condición social ?
Cuenta la tradición de San Juan que antes del año 1840, siendo gobernador don Plácido Fernandez Maradona, un viejo guerrero de la independencia, don Pedro Correa, hombre valiente y sin tacha, respetuoso y respetado por todos, le asistía con su amistad y consejos. Muerto Maradona, los azares de la política hicieron de Correa un perseguido de la policía, pese a las inmunidades que como guerrero de Chacabuco le habían sido acordadas. Estos hechos hicieron que varios de sus perseguidores fijaran sus miradas interesadas en Deolinda, hija de Correa, de extraordinaria belleza. Pudo sin embargo esta resistir las demandas y casarse con el hombre que amaba. Esta fue la sentencia para su padre y su esposo, que perseguidos por las montoneras fueron muertos sin conmiseración. Ella fue requerida nuevamente y la insistencia se hizo penosa. Desesperada, emprendió una madrugada la huida hacia La Rioja, anduvo por valles y quebradas con su hijo en brazos, cruzó arenales ardientes que llagaban sus pies, se estremeció en la penumbra de los montes hasta que sus fuerzas se disiparon. Sedienta y extenuada se dejó caer en la cima de un pequeño cerro. Sintiéndose morir, pidió al cielo que diera vitalidad a sus pechos para que el pequeño sobreviviera.
Cuando unos arrieros se avecinaban al lugar orientados por el vuelo circular de los caranchos, hallaron al niño adormecido sobre el pecho de su madre muerta. Profundamente impresionados, dieron sepultura a la infortunada Deolinda Correa y se llevaron al niño. Poco tardó en conocerse la desdichada suerte de la joven, y hasta su humilde tumba campesina comenzaron a acudir hombres y mujeres del llano y de las sierras, marcando así el comienzo de una devoción popular que crecería con los años hasta alcanzar proyecciones tan grandes que no tiene parangón, no solo en el país, sino en América.
Se comprende el porqué de esas botellas y botijas de agua, acarreados hasta el santuario mismo de la Difunta Correa, pues es el simbolismo mágico expresa el deseo de que no le falte nunca más el agua que apaga la sed y vence la muerte.
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