20 de septiembre, Día Nacional del Caballo

El caballo es el fiel amigo del hombre de campo, protagonista de la Independencia Argentina, acompañante de su jinete en un deporte tan emblemático como el polo.

Compañero también de los pueblos originarios, quienes establecieron con sus caballos una relación casi simbiótica.

El Día del caballo celebra “la presencia y relevancia del mismo en la organización histórica, económica y deportiva de la República Argentina”.

La fecha remite al arribo del suizo Aimé Félix Tschiffely a Nueva York, luego de un trayecto que duró desde abril de 1925 a septiembre de 1928, montando dos caballos criollos, Gato y Mancha. Este intrépido profesor, que se afincó en Argentina a principios del siglo pasado, decidió hacer la ruta desde Buenos Aires a Nueva York a caballo, por lo cual presentó su proyecto al Dr Emilio Solanet, criador de caballos criollos, quien le regala estos valientes y fieles caballos, acostumbrados a condiciones hostiles por haber sido criados en la Patagonia.

El 23 de abril de 1925 emprenden la marcha desde la Sociedad Rural, en Buenos Aires, con tramos de caminos muy inhóspitos y difíciles. El coraje de estos caballos criollos hizo posible el arribo a Nueva York, tres años después.

Hoy, sus restos descansan en la estancia “El Cardal”, junto a Tschiffely, con la hazaña realizada y el engrandecimiento del caballo criollo a nivel mundial.

 

¿Por qué cada 23 de agosto, Jujuy es Capital Honorífica de Argentina?

En 1812, el día 23 de agosto, el pueblo jujeño demostró su valentía en el “éxodo jujeño”, hecho histórico que determinó el triunfo del ejército contra los realistas, emprendiendo una retirada hacia Tucumán, no sólo de las tropas, sino también de todo el pueblo jujeño, dejando sin posibilidades de supervivencia al enemigo y luchando por la libertad.

Éste éxodo de la población, debilitó a las tropas realistas, que perdieron dos batallas determinantes para el triunfo, la Batalla de Tucumán, el 24 de septiembre y la de Salta, el 20 de febrero de 1813.

Esta idea, gestada por el General Manuel Belgrano, y que fue llevada a cabo por el pueblo jujeño, consistía en abandonar la ciudad de San Salvador de Jujuy, dejando atrás sus hogares, arrasando, quemando o transportando todo lo que podía ser útil para el ejército realista. Asimismo, los hombres formaron parte de una milicia gaucha, que fue crucial al momento de la victoria.

Los jujeños, dueños de una gran valentía, abandonaron sus casas llevando consigo armas, ganado, caballos, mulas y ovejas, levantando cosechas antes de tiempo y enviando cuanta mercadería hubiera en la ciudad a Tucumán.

Es por eso que todos los 23 de agosto, la provincia de Jujuy se convierte en la Capital Honorífica de la República Argentina, recordando una gesta histórica, clave para nuestra independencia.

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¡Che boludo! ¿Qué quiere decir la palabra más utilizada por los argentinos?

Pasó de ser una palabra insultante a representarnos como argentinos en cualquier conversación. Boludo es la palabra que más usamos los argentinos, pero, ¿Sabemos de dónde proviene?

No somos tan originales en la actualidad al decir la palabra boludo, ya que, si nos remontamos al origen de este adjetivo tan utilizado en todos los rincones del país, deberíamos ir a principios de 1800, más precisamente en las guerras previas a la Revolución de mayo.

Los bandos que se enfrentaban eran, por un lado, los que pretendían seguir siendo una colonia española, los realistas y los patriotas, que luchaban por un país independiente de la corona. Estos enfrentamientos no se dieron sólo en el territorio nacional, sino que abarcaron la totalidad del territorio del antiguo Virreinato del Río de la Plata.

De ésta forma, los gauchos argentinos se enfrentaron en batallas a los soldados españoles, preparados militarmente para hacer notar su poderío.

¿Y quién era el boludo?

Ni más ni menos el gaucho que recurría a sus boleadoras, a las que manejaba magistralmente, acostumbrado a arriar el ganado en el campo con su ayuda.

La línea de ataque de los gauchos estaba compuesta por tres filas bien definidas, dispuestas a dejar su vida por la independencia argentina: La primera estaba compuesta por los pelotudos, que cargaban grandes pelotas de piedras, sujetas con tiento.

La fila siguiente, al medio, era la que estaba formada por excelentes lanceros, que, con facones y tacuaras (lanzas hechas en caña con una punta afilada en un extremo) se enfrentaban a los españoles, y los últimos, eran los boludos, que peleaban con boleadoras, dos bolas medianas de piedra, unidas por una tira de cuero o soga muy resistente, que, al ser arrojada, se enrollaba en las patas de los caballos, haciendo caer al jinete, o, sin soltar las boleadoras, golpeaban la cabeza del enemigo, provocando una herida letal.

Es decir, que, si debemos definir a los más valientes, diríamos que eran los pelotudos, que se enfrentaban a pie a los soldados españoles sobre sus caballos, haciendo que estos se cayeran, quedando en el suelo para que los lanceros pudieran herirlos, y, por último, los boludos los remataban con sus boleadoras.

¿Y por qué usamos estas palabras en la actualidad?

En una acalorada discusión en la Cámara de Diputados de la Nación, a finales de 1800, un diputado se refirió a que no había que hacerse matar innecesariamente, diciendo textualmente “No hay que ser tan pelotudos” … Quedando la palabra asociada tanto a la valentía como a la torpeza de morir en primera fila.

Por supuesto, inmediatamente se asoció la palabra boludo al mismo significado, evolucionando luego a ser una de las palabras más representativas de nuestra manera de hablar, que nos identifica, que demuestra afecto, torpeza, cariño, complicidad e infinitas acepciones.

Para terminar, la última pregunta:

¿Hay algo más argento que el boludo?

Por eso, feliz día!