Declaración de la Independencia Argentina, un camino de héroes y valentía

Desde 1810 palpitaba en los criollos la idea de terminar de romper lazos con España, para finalmente tener un gobierno independiente de los reyes españoles.

Por tal motivo, y transcurriendo el año 1816, los representantes de cada provincia se reunieron en Tucumán, para firmar un acta en la que declararían la independencia, liberando a Argentina de ser una colonia más de España en ese momento. Sólo imaginemos semejante empresa en esa época, los representantes se trasladaron en carruajes, diligencias o a caballo, desafiando las inclemencias del frío invierno y en una travesía por caminos inseguros y peligrosos.

El 9 de julio de 1816 cayó martes, fue un día soleado pero frío, como suelen ser los inviernos en Argentina, los congresales se reunieron a sesionar a las 14 hs, y el proyecto a tratar era el de “Deliberación sobre la libertad e independencia del país”. Y así, de manera rápida y expeditiva, ya que llevaban meses debatiendo y tratando el tema, coincidieron en comenzar a imaginar ese país que comenzaría el día siguiente, el de un país libre y soberano de sí mismo.

La decisión, en forma de Acta y firmada por todos los presentes, fue rápidamente enviada al Rey de España para notificarle las novedades para prepararse luego a celebrar el fin de una forma de gobierno que no era bienvenida entre los pobladores de Argentina.

A las 9 de la mañana del otro día se celebró la misa, luego el pueblo festejó su libertad, y tanto congresales como criollos compartieron la alegría del nuevo comienzo. Comenzaban los desafíos y todos querían estar a la altura del acontecimiento. En una rápida sesión se designa al General Belgrano como Jefe del Ejército del Alto Perú y a Pueyrredón como Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de La Plata.

En mente ya estaba el cruce de los Andes, el objetivo de lograr la independencia de Chile y Perú, a Lima el General San Martín llegaría a través de Chile.

Tucumán se vistió de celeste y blanco, los bailes ocupaban todas las calles y en la Casa en la que sesionaron tampoco faltó el baile y la música; el Minué compartió su protagonismo con las zambas.

Pero, con el fin de unir a todos en un mismo festejo, el gran baile fue organizado para el 25 de julio, día en que se adoptó oficialmente la “bandera celeste y blanca usada hasta el presente, y se usará en los sucesivo en los ejércitos, buques y fortalezas…”

La más importante fecha patria argentina, sinónimo de paz y unión, simboliza el esfuerzo de quienes la habitaban entonces de crear un país libre y soberano, ¡Feliz día de la Independencia! ¡Viva Argentina!

¡Che boludo! ¿Qué quiere decir la palabra más utilizada por los argentinos?

Pasó de ser una palabra insultante a representarnos como argentinos en cualquier conversación. Boludo es la palabra que más usamos los argentinos, pero, ¿Sabemos de dónde proviene?

No somos tan originales en la actualidad al decir la palabra boludo, ya que, si nos remontamos al origen de este adjetivo tan utilizado en todos los rincones del país, deberíamos ir a principios de 1800, más precisamente en las guerras previas a la Revolución de mayo.

Los bandos que se enfrentaban eran, por un lado, los que pretendían seguir siendo una colonia española, los realistas y los patriotas, que luchaban por un país independiente de la corona. Estos enfrentamientos no se dieron sólo en el territorio nacional, sino que abarcaron la totalidad del territorio del antiguo Virreinato del Río de la Plata.

De ésta forma, los gauchos argentinos se enfrentaron en batallas a los soldados españoles, preparados militarmente para hacer notar su poderío.

¿Y quién era el boludo?

Ni más ni menos el gaucho que recurría a sus boleadoras, a las que manejaba magistralmente, acostumbrado a arriar el ganado en el campo con su ayuda.

La línea de ataque de los gauchos estaba compuesta por tres filas bien definidas, dispuestas a dejar su vida por la independencia argentina: La primera estaba compuesta por los pelotudos, que cargaban grandes pelotas de piedras, sujetas con tiento.

La fila siguiente, al medio, era la que estaba formada por excelentes lanceros, que, con facones y tacuaras (lanzas hechas en caña con una punta afilada en un extremo) se enfrentaban a los españoles, y los últimos, eran los boludos, que peleaban con boleadoras, dos bolas medianas de piedra, unidas por una tira de cuero o soga muy resistente, que, al ser arrojada, se enrollaba en las patas de los caballos, haciendo caer al jinete, o, sin soltar las boleadoras, golpeaban la cabeza del enemigo, provocando una herida letal.

Es decir, que, si debemos definir a los más valientes, diríamos que eran los pelotudos, que se enfrentaban a pie a los soldados españoles sobre sus caballos, haciendo que estos se cayeran, quedando en el suelo para que los lanceros pudieran herirlos, y, por último, los boludos los remataban con sus boleadoras.

¿Y por qué usamos estas palabras en la actualidad?

En una acalorada discusión en la Cámara de Diputados de la Nación, a finales de 1800, un diputado se refirió a que no había que hacerse matar innecesariamente, diciendo textualmente “No hay que ser tan pelotudos” … Quedando la palabra asociada tanto a la valentía como a la torpeza de morir en primera fila.

Por supuesto, inmediatamente se asoció la palabra boludo al mismo significado, evolucionando luego a ser una de las palabras más representativas de nuestra manera de hablar, que nos identifica, que demuestra afecto, torpeza, cariño, complicidad e infinitas acepciones.

Para terminar, la última pregunta:

¿Hay algo más argento que el boludo?

Por eso, feliz día!

¿Cómo era el 25 de mayo en 1810?

En la época colonial, se vivía de manera muy diferente a como vivimos en la actualidad, y nada mejor que imaginarnos en esa época para entender cómo nació la Revolución de Mayo y como fue ese 25 de mayo de 1810 que comenzó nuestra independencia.

La educación se brindaba únicamente a los varones, que asistían a escuelas públicas, religiosas o privadas. No se usaban guardapolvos, pero sí se iba bien vestido, con pulcritud. La educación de las mujeres se hacía en casa, donde, además de aprender a leer y escribir, se les enseñaba algún instrumento musical, generalmente piano y a bordar. Si alguien quería conversar con una persona, debía trasladarse a su casa, a pie o a caballo, sólo algunas familias contaban con carruajes, ya que no había otra manera de comunicarse.

En 1810, Buenos Aires tenía 40 mil habitantes, y era una ciudad en la que contagiarse enfermedades era muy fácil, ya que no había recolección de residuos, y había sólo 8 médicos en 2 hospitales, en una época en la que abundaban la tuberculosis, el tétano, la rabia y la sífilis. Buenos Aires ya había sufrido tres epidemias: de viruela en 1805, de sarampión en 1809 y de disentería en ese momento, entre 1810 y 1812.

La vestimenta de la clase más pudiente era realizada con telas europeas, en tanto la ropa común, era de telares artesanales, ponchos o ruanas de lana de vicuña. Las iglesias ocupaban un papel predominante, en ellas se anotaban los casamientos, nacimientos y muertes, además de ser el punto de encuentro de la comunidad.

¿Y la diversión?

Los bailes organizados en las casas eran la salida para las familias, en los salones de las casas acomodadas se bailaba minué, en tanto la gente de campo se divertía con carreras de caballo, peleas de gallos y bailes al son de la guitarra. Las pulperías eran el punto de reunión del hombre de campo, en la que compartían guitarreadas, pasaba el mate de mano en mano, y los juegos de cartas eran los más comunes. En el campo, sobre el caballo, se jugaba al “pato”, juego en el que se disputaban una bolsa con manijas que debía encestarse en un aro.

El cabildo tenía como principal función la defensa del pueblo, la recaudación de impuestos, ofrecer seguridad a los vecinos y escuchar sus quejas. Sólo había cabildo abierto cuando sucedía algún evento de gravedad, allí se convocaba a los vecinos a una Asamblea General.

La comida era también el momento de encuentro de la familia, desayunaban mate, té con leche o chocolate con pan, y el almuerzo o cena se hacía de sopa, puchero, guiso o locro, bifes o asado con papas o puré. Los postres eran de empanadas dulces, arroz con leche, mazamorra dulce, frutas o dulces de frutas y pastelitos de dulce de membrillo.

Las empanadas de carne tenían un lugar especial, ya que debían consumirse enseguida, lo mismo que el asado, no había heladeras, por lo que la frescura se mantenía sólo unas horas.

La sociedad estaba bastante dividida en clases sociales; Los comerciantes, ganaderos y agricultores eran los más favorecidos, y entre ellos, los nacidos en España eran los que ocupaban cargos públicos. La “clase media” estaba formada por los artesanos y empleados del gobierno, en tanto los peones, trabajadores del campo y servicios elementales de la ciudad, conformaban la clase menos pudiente.

Los sucesos que llevan al día 25 de mayo son varios y decisivos: Por empezar, España había sido invadida por Francia, por lo que pierde su poderío en América. Luego de ello, los criollos piden Cabildo Abierto, para ponerse de acuerdo en cómo proseguir.

El 21 de mayo se convoca a los vecinos para el día siguiente, para tratar con el Virrey Cisneros, con la idea de que éste renuncie a su cargo, lo que finalmente sucede, a medias, el 23 de mayo deja de ser virrey, pero toma el cargo de Presidente de la Junta conformada ese día. Debido a la oposición del pueblo, deben renunciar todos sus integrantes, siendo el día 25 de mayo, la jornada en la que se formó el primer gobierno patrio.

La unión de todo el pueblo reclamando liberarse de la corona española, fue lo que impulsó a que ese día se transformara en nuestra fecha patria, la del comienzo de una incipiente independencia de nuestro país y de países vecinos.