De qué se trata el tango y porqué ocupa un lugar especial en el corazón de los argentinos

Desde sacar viruta al piso, como una manera de gastar la pista de baile en el tango, hasta contar amores contradictorios, el tango marcó una época de la historia argentina en la que cumplía la función de ser un baile atrevido, pero además de oficiar casi de “canción de protesta” de situaciones políticas o sociales de fines del siglo XIX.

El tango cuenta con aportes en su composición de distintas procedencias, criollos, europeos (traídos por las corrientes inmigratorias), y afroamericanos. Esta simbiosis dio origen a una expresión artística única, convirtiéndose en un rasgo de identidad rioplatense.

En sus inicios, hombres y mujeres lo bailaban públicamente en los burdeles, ya que en otros ámbitos era visto como inapropiado u obsceno que una pareja se abrazara, allí mismo los hombres creaban pasos y practicaban, de allí las fotos e imágenes de parejas de hombres bailando el tango. Durante mucho tiempo se consideró un baile marginal, que se practicaba en los arrabales de Buenos Aires, y quienes asistían a esos lugares eran compadritos y malandras.

Los compadritos, así llamados burlonamente, eran los jóvenes que gustaban de emborracharse, concurrir a los burdeles, pelear y poco afectos al trabajo. Tenían una manera particular de vestir, con el ala del sombrero sobre la frente, pañuelo al cuello y perfume fuerte y fueron los primeros en adoptar al tango como música propia. Los malandras, eran delincuentes o pandilleros de la época, que no dudaban en participar de cuanta pelea se producía en los lugares a los que concurría en busca de diversión.

Las primeras orquestas típicas, también nacen en ese contexto, por lo que el tango fue considerado en sus inicios una música prohibida. De los burdeles, pasa al cabaret, para luego llegar a los barrios pudientes, primero en fiestas, bodas y cumpleaños, para luego instalarse en milongas, adonde se concurría para disfrutar de la danza y de la interpretación de la orquesta.

Nada mejor que el día de nacimiento de Carlos Gardel y Julio de Caro, dos de sus más emblemáticas figuras, para designar el 11 de diciembre como el “Día Nacional del Tango”.

Hoy, el tango ocupa un lugar especial en todo el mundo, como muestra distintiva de la cultura argentina. En las principales capitales del mundo no faltan escuelas de tango o lugares dónde bailarlo, París, Moscú, hasta ciudades de China, cuentan con fanáticos de nuestra música popular, que nos representa tan bien en cualquier lugar del mundo.

Buenos Aires, ciudad en la que nació, se caracteriza por la innumerable cantidad de Milongas, Tanguerías, Shows y escuelas de Tango, en las que no deja de brillar ni por un instante.

22 de agosto, Día Mundial del Folklore

Cada zona de la Argentina tiene su estilo de folklore, pero todas recrean esa música que se remite a las raíces de nuestra historia, al hombre de campo, al gaucho, a nuestros orígenes.

El folklore cuyano, de San Juan, Mendoza, San Luis y parte de La Rioja, el correntino o guaraní, que se baila en Corrientes, norte de Entre Ríos, litoral del Chaco, Formosa y Misiones, el pampeano, que abarca Buenos Aires, La Pampa, sur de Córdoba y Santa Fe, el norteño, que se vive en Santiago del Estero, norte de Córdoba y Santa Fe y gran parte de Tucumán, y el andino que es el folklore de Salta, Jujuy, La Rioja, norte de Tucumán y Catamarca. Cada región tiene un folklore con impronta propia, que, generación tras generación, se comparte, se vivencia y se transmite siempre conservando su esencia.

La Unesco declaró el 22 de agosto como el Día Mundial del Folklore, debido a que en esta fecha fue la primera vez que se utilizó esta palabra. Corría 1846 y el arqueólogo inglés William John Thoms la incluyó en una nota en la revista londinense “Athenaeum”.

La fecha se celebra también especialmente en Argentina, coincidiendo con el nacimiento de Juan Bautista Ambrosetti (1865-1917), declarado como el “padre de la ciencia folklórica”, estudioso entrerriano que fue pionero en realizar investigaciones acerca del folklore nacional.

En 1960 se llevó a cabo el 1° Congreso Internacional de Folklore en Buenos Aires, al que asistieron referentes de 30 países y declararon el día 22 de agosto como el Día del Folklore.

Pero lo más distintivo de esta palabra y su significado es tener claro su etimología, ya que folk quiere decir pueblo, raza, gente y lore es saber o ciencia. Es decir que es un saber popular, abarca leyendas, tradiciones, música, melodía, danza, canto y costumbres, honrando la cultura del suelo en el que se expresa.