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Buenos Aires, historias bajo nuestros pies: El túnel 1912

Dicen que quienes transitan por Buenos Aires, tienen otra ciudad bajo sus pies. Historias, leyendas, restos antiguos e inclusive arqueológicos, túneles, pasadizos secretos y muchos, muchísimos misterios por descubrir

Dicen que quienes transitan por Buenos Aires, tienen otra ciudad bajo sus pies. Historias, leyendas, restos antiguos e inclusive arqueológicos, túneles, pasadizos secretos y muchos, muchísimos misterios por descubrir.

Y esto parece ser cierto. Cada tanto se descubren restos de manera fortuita, realizando nuevas construcciones y reformas en edificios antiguos, el pasado vuelve ante nuestros ojos y nos deslumbra: Tal es el caso del olvidado túnel 1912, que conecta Almagro con Puerto Madero y que se construyó en dicho año, junto con las obras del Subte “A”, el primero de la ciudad.

Hoy, su presencia pasa inadvertida y quienes han tenido acceso a él lo califican como un lugar en el que habitan las ratas, inundado y cubierto de maleza, con un olor pestilente, es decir, intransitable para todos. Su profundidad es de 20 metros y su extensión de 5 km, por lo que “parte” en dos, el centro de Buenos Aires.

La función de este ahora misterioso túnel era la de unir el Ferrocarril del Oeste (hoy Ferrocarril Sarmiento), con el puerto, ya que se necesitaba transbordar la carga de los vapores. La ciudad para esa fecha ya estaba muy habitada, con residencias en toda la zona, por lo que debió pensarse en algo bajo tierra, que se observó factible luego de realizar los estudios del terreno.

Fue así, como por 1906, el Ingeniero inglés David Simpson, radicado en la ciudad desde 1877, presentó un anteproyecto que proponía el trazado de un túnel desde los alrededores de Plaza Once hasta el puerto, pasando por debajo de la plaza y de las avenidas de Mayo y Rivadavia. En 1909 se autorizó la concesión, tal como había sido planteado el proyecto de Simpson.

Coincidentemente, en ese momento también se había concesionado la construcción de tranvías subterráneos para pasajeros, pero a un nivel superior. De todas maneras, la superposición del recorrido hacía muy complicado que las dos vías pudieran coexistir, por esa razón se llegó a un acuerdo para construir una estación de intercambio bajo nivel, entre el ferrocarril y el subterráneo. ¿Su nombre? Estación Miserere.

Pasada la primera guerra mundial se pudo culminar la obra, constituyéndose en una obra maestra de ingeniería de la época. Los obreros trabajaban a pico y pala, avanzando desde los dos extremos del túnel, con pozos de ventilación en Plaza de Mayo y Congreso. El 15 de febrero de 1916 se puso en servicio, con una única vía de trocha ancha, con una curva de 350 metros de pendiente ascendente, que rodea la Casa Rosada y cruza Plaza Colón.

El gran problema del túnel 1912 fue su ventilación, sobre todo en sus comienzos, ya que los trenes que lo transitaban eran de vapor, por lo que se abrieron varios pozos de ventilación a través de su recorrido, que no lograban atenuar del todo la falta de aire. Además, el humo contenía monóxido de carbono, lo que perjudicaba la salud del personal de los trenes.

En 1922, los trenes se electrificaron lo que conllevó a construir un tercer riel con corriente eléctrica de 800 voltios, luego, el servicio pasa a manos del estado y es suprimido en 1950, dada su incomodidad para enviar auxilio en caso de accidente. En 1997 se vuelve a reutilizar para el transporte de pasajeros, con seis servicios diarios entre Puerto Madero y Castelar, para ello el túnel se reacondicionó, con iluminación, pintura y ventilación, además de agregarse una senda peatonal para moverse en caso de problemas en el servicio. Al poco tiempo, fue desafectado.

Hoy, el túnel apenas funciona cuando se deben trasladar algunos vagones, sus años de utilidad y brillo ya han pasado, pero sigue existiendo bajo nuestros pies, como un recordatorio del pasado de Buenos Aires y sus comienzos como una de las grandes ciudades de Latinoamérica.

 

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