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Filete porteño en el barrio del zorzal criollo

“Las tardecitas de Buenos Aires tienen… ese qué sé yo…”* y hay rincones de la ciudad en los que la magia de artistas, músicos y personajes hace que disfrutemos de momentos únicos, entrañables, irrepetibles.

 

“Las tardecitas de Buenos Aires tienen… ese qué sé yo…”* y hay rincones de la ciudad en los que la magia de artistas, músicos y personajes hace que disfrutemos de momentos únicos, entrañables, irrepetibles.

Tal es el caso del barrio del Abasto, en el que, de una sola mirada, nos situamos a fines de 1800, en la vida de puesteros, choferes de carretas y carros, vecinos, la mayoría inmigrantes italianos, que, alrededor del gran mercado, construido para la venta y distribución de frutas y verduras, marcaban el paso febril del barrio. Los conventillos, antiguas casas de inquilinato, las casas chorizo, que respetaban la existencia de un patio central con las habitaciones a su alrededor, los teatros, cantinas y prostíbulos que poblaban la Avenida Corrientes, junto al Mercado, componían un ambiente único, una especie de ciudad aparte, dentro de la gran ciudad en la que ya se convertía Buenos Aires.

Ese ambiente único, fue el que rodeó a Carlos Gardel desde su infancia, el cantor de tangos más famoso de la historia. Revolucionó la música porteña de la época, se convirtió en la voz que convertía cada tango, en una declaración, y todo nació allí, en el barrio, dando vueltas o “yirando” por las calles del Abasto, que hoy le rinden homenaje desde las paredes de casas y muros, plasmando su inolvidable sonrisa.

El Abasto también conserva una fisonomía única, la del filete porteño, un estilo de pintura singular, con colores fuertes, espirales y líneas simétricas, hojas, flores y alguna imagen emblemática del barrio se muestran en sus paredes. Pero su origen se remite a los carros, aquellos del principio, los del mercado, que transmutaron de grises carros de frutas y verduras a coloridos, representativos, con frases ingeniosas y refranes, en los que se destacaban sus letras trabajadas y la decoración que conformaba el conjunto.

Así, camiones y luego colectivos, el medio de movilidad más popular en la ciudad, se vieron engalanados por estos motivos puramente porteños, muchas veces inspirados en el rostro y la sonrisa de Gardel, del zorzal criollo, del morocho del Abasto.

Para visitar la casa de Gardel, conocer el barrio del Abasto y aprender a realizar un lindo filete porteño: https://054.travel/fileteado-porteno/

*Frase inicial de “Balada para un loco”, tango de Astor Piazzolla

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